Si quieres que inviertan en tu tierra, gánatelo

A los dirigentes políticos no se les puede exigir que arreglen todos los problemas, pero sí que no los agraven con su irresponsabilidad


Dicen que el dinero es miedoso. No tanto. En todo caso, no es kamikaze, que es distinto. Cuando una compañía quiere invertir en un territorio y hace una apuesta real y alejada de cualquier tentación especulativa, asume determinados riesgos y entiende que los procesos serán más o menos complejos, pero no juega a los dados con su dinero.

El problema surge cuando esos trámites y procedimientos se convierten en los doce trabajos burocráticos de Hércules, casi imposibles de superar, o cuando, por ejemplo, observa que los representantes públicos de esos países o regiones o ciudades anteponen sus intereses particulares al bien general. 

Lo hemos visto estos días en Cataluña, donde sus dirigentes autonómicos, en funciones y en negociaciones para la formación de en un nuevo ejecutivo, han preferido no respaldar con su presencia el proyecto de Volkswagen de implantación de una planta de baterías eléctricas en Martorell, con una inversión de 5.000 millones de euros, por la simple razón de que este anuncio se formalizó en una visita del rey de España, Felipe VI, a esta fábrica de la Seat. 

Cuando se queman contenedores como hogueras de San Juan, ya hasta esto nos puede parecer normal. Pero no, no lo es. Y tiene sus consecuencias. Una mirada tan alicorta puede inflamar los ánimos de los hinchas más recalcitrantes de la causa, pero, es devastadora para la cuenta de resultados de la comunidad.

A unos dirigentes políticos no se les puede exigir que arreglen todos los problemas que sufren sus conciudadanos, pero sí se les puede reclamar que no los agraven con su irresponsabilidad o con sus delirios.

Y esto vale para Cataluña como para el resto de España. Estamos inmersos en una crisis de un alcance incalculable que requiere de un plan estratégico y de las condiciones necesarias para llevarlo a cabo. El plan existe. Y el dinero para sufragarlo, vía Bruselas, también. ¿Basta con eso? No. También tenemos que trasladar como país la imagen de que somos estables y de que somos un lugar en el que no sólo se puede vivir bien, sino en el que también se puede trabajar bien y se puede invertir bien. No nos jugamos sólo nuestra imagen de marca o nuestra reputación. También lo hacemos con nuestro futuro post pandemia. Y ya va siendo hora de que nos centremos.

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